"Contemplar un cuadro de Manel Gil es sumergirse en el fondo de la mar. La gracia del movimiento y la luz juegan en un mundo, desconocido para muchos, donde la vida palpita sin palabras y el lenguaje de la forma y el color, magistralmente pintados por su genio, nos muestran con fidelidad la redonda inocencia del mero o la infantil actitud de un grupo de delfines.
Manel Gil sabe plasmar con sumo realismo bancos de peces que flotan ingrávidos sobre una caprichosa vegetación, sin omitir un detalle, gracias a su perspicaz visión de artista. Quiénes no habéis conocido el apasionante paisaje submarino, con sus cuadros no tendréis la necesidad de hacerlo, porque en ellos vibra la vida y los misterios abismales."